Friday, March 13, 2015

Los de Lento Aprendizaje Queremos Discutir la Ley General de Aguas

La casi aprobación “fast-track” de los diputados de una Ley General de Aguas promovida por CONAGUA (también llamada Ley Korenfeld) desató una reacción social poco vista en sólo un fin de semana. Muchos académicos y organizaciones sociales vimos como una afrenta que esta ley, tan importante para la sostenibilidad del país, se aceptara sin discutir o siquiera mencionar que existía otra iniciativa de Ley (promovida por la ciudadanía) y que algunos senadores habían hecho suya. Afortunadamente, la presión social detuvo el “fast-track”, lo que generó molestia de algunos líderes parlamentarios mostrada en las declaraciones de Manlio Fabio Beltrones que, con esa soberbia ya típica del político mexicano subido en su ladrillo, catalogó a los opositores como de “Lento Aprendizaje”. Podríamos analizar sobre su desprecio por la sociedad, la academia y las nuevas reglas democráticas, pues esta expresión se suma al “ya me cansé” “la verdad histórica” y “Aunque no estoy obligada a explicar mi casa, lo voy a hacer”, pero este escrito se quiere centrar en analizar los puntos de las dos leyes propuestas sobre el manejo del agua.

Como miembro de la sociedad y como académico, quiero que la discusión se centre en las dos propuestas. Sólo de esta manera se pueden contrastar los elementos que tiene cada una. Pueden haber diferentes enfoques de comparación, y este escrito busca generar uno en particular sobre las bases (paradigmas diría T. Kuhn) de cada una de las propuestas que están detrás de las leyes.

Quizá en donde más contrastan los paradigmas de estas dos iniciativas de ley es en el papel del agua en el ecosistema. Para la Ley Ciudadana, el ciclo del agua es fundamental para mantener el funcionamiento del ecosistema y de ahí que la sociedad nos beneficiemos de sus procesos. Al considerar al agua dentro del ecosistema, no sólo nos beneficiamos de ella, también de los factores que están relacionados como el clima, la diversidad, la producción de alimentos e incluso la cultura. Además, si se trabaja junto con los procesos de los ecosistemas, la eficiencia es mucho mayor (por ejemplo, no hay una planta de tratamiento más eficiente que la que genera la naturaleza) y el costo operativo es mucho menor.

Pero trabajar con la naturaleza tiene costos de oportunidad, pues se necesita conservar espacios para que las dinámicas del ecosistema funcionen, lo que significa perder terrenos para vivienda, fábricas, o invernaderos. Otro costo se basa en la necesidad de restaurar y proteger zonas naturales. Pero la Ley Ciudadana considera que el costo de conservar la tierra para que funcionen estos procesos es mucho menor que los beneficios de tener agua para todos. Entre otras cosas, esto se debe a que la conservación también reduce la vulnerabilidad de la sociedad frente a los eventos extremos generados por el cambio climático. Los ecosistemas conservados no sólo proveen de agua, también reducen los efectos de las sequías e inundaciones que produce el cambio climático al aumentar la resiliencia del ecosistema donde vivimos. Bajo esta lógica, el Derecho Humano al agua se mantiene, puesto que la naturaleza no distingue las clases sociales o las capacidades monetarias para proveer el beneficio.

La Ley Korenfeld parte de la idea de que el ciclo del agua no puede existir sin infraestructura. Así, se explican todas estas declaraciones de sus defensores que indican que las ciudades no pueden subsistir sin los “trasvases” (lo que significa pasar agua de una cuenca -o ecosistema- a la otra). El trasvase altera por completo el ciclo del agua en cada ecosistema, lo desangra, y extirpa el vital líquido, haciéndolo más seco y modificando toda su dinámica. Artificialmente está inyectando el agua a otro sitio.

La ingeniería hidráulica es la que domina la lógica de la ley Korenfeld que sería financiada por inversionistas. Aún cuando son pieza fundamental en la discusión, el manejo del agua es complejo y por lo tanto necesita también de discusiones en ecología, antropología, sociología, economía, leyes, entre otros. El resultado de una visión ingeniería-inversión genera una propuesta de ley en la que la naturaleza no existe, y menos existe sin infraestructura.

Los beneficios de la Ley Korenfeld se miden en que se pueden utilizar todos los espacios que se necesiten para la construcción, puesto que siempre habrá infraestructura para solucionar los efectos negativos de esta invasión, lo cual generará más inversión. Los costos de esta visión se basan en que se tiene que trabajar en contra de los procesos naturales y eso cuesta, pues cada día tiene que generar más infraestructura para contener estos procesos. Al volverse el agua un elemento más escaso, el costo energético es muy alto para extraerla (de pozos cada vez más profundos) trasvasarla (transportarla por cordilleras), desalinizarla o purificarla (con platas de tratamiento). Por lo tanto, se vuelve insustentable, pero de alta ganancia en el corto plazo para algunos inversionistas.

Pero también cuesta en la reducción de la calidad de vida y hasta de vidas humanas. La tecnología y la infraestructura tienen que mantenerse en el tiempo y, aceptémoslo, no somos el país que se distingue por mantener infraestructura. Como ejemplo, en el DF sólo se utiliza la mitad del potencial de las plantas de tratamiento por falta de mantenimiento. Además, por más avanzada y bien mantenida que esté la tecnología, puede fallar. Sólo hay que analizar lo que pasó en Nueva Orleans con el huracán Katrina. A estos costos de más energía e infraestructura que mal-sustituye a la naturaleza habrá que incluir el costo en el aumento de la vulnerabilidad social frente al cambio climático. Los eventos extremos como sequías y tormentas serán cada día más grandes y comunes y la infraestructura siempre será rebasada. En resumen, la Ley Korenfeld nos llevará a tener procesos cada día más costosos y ser más vulnerables al cambio climático, limitando los procesos de adaptación al mismo.

La consecuencia de esta diferencia se refleja en la economía, las interacciones sociales y el Derecho Humano al Agua. La Ley Ciudadana sí considera que es necesaria la infraestructura y evalúa los problemas económicos y sociales asociados a su distribución y purificación. Pero la lógica de la Ley Ciudadana es el empoderamiento de los ciudadanos para hacer un manejo racional del agua y de los ecosistemas que proveen del vital líquido. Esto significa que le da más peso a la infraestructura “social” que a la de “concreto” en donde ciudadanos informados tienen que trabajar junto con el Estado para promover una vigilancia tanto de los derechos humanos como del mantenimiento de la naturaleza. La apuesta es grande, pues generar la infraestructura social involucra trabajar bien en equipo, estando informados y generando propuestas constantemente. Pero si se logra, esta infraestructura “social" tiene grandes beneficios y el costo económico y social serán mucho más bajos tanto ahora como enfrentando el cambio climático.

Por el contrario, la Ley Korenfeld le apuesta a la infraestructura de “concreto” que necesita financiamiento. Como el Estado no cuenta con suficientes recursos, la ley promueve la intervención de la iniciativa privada. Así que la Ley Korenfeld mata dos pájaros de un tiro: por un lado el concreto solucionaría el manejo y distribución del agua y por otro promueve los negocios, lo que ellos sinonimizan con la palabra “desarrollo”. Así pues no se privatizaría el líquido, pero sí su extracción, limpieza, transporte y distribución. De esta manera el mercado (las financiadoras nacionales e internacionales) controlarían el recurso.

Para la sociedad, el costo aumenta en varios aspectos. De manera directa, los inversionistas se rigen por el costo/beneficio, por lo que el precio tiene que ser suficientemente alto para que tengan ganancias. Además, la competencia juega tanto para el proveedor como para el cliente. Si un cliente (el “fracking”, por ejemplo) tiene mayor capacidad de pago, la empresa distribuidora no dudará en enviar el vital líquido al mejor postor. Poner al Derecho Humano de este vital líquido en una dinámica en la que si no hay ganancia, no hay negocio; y esto es muy riesgoso para el estado y la sociedad. Por ello, aún cuando en esta propuesta de Ley existe el concepto de “Derechos Humanos” en varios artículos, el objetivo está en contra de este concepto.

Pero existe otro costo, el indirecto: la dinámica costo/beneficio nunca incluye las externalidades que las empresas producen al hacer negocio. Las externalidades son todos los efectos que una empresa hace a la naturaleza y que todos los demás tenemos que pagar. No me refiero sólo a la contaminación que una empresa hace a un río o lago, me refiero a efectos más difusos pero aún así graves. Por ejemplo, la tala de árboles aumenta las enfermedades respiratorias en zonas urbanas. Una constructora que tira árboles para hacer una vialidad no paga el doctor o medicinas de todos los que se enferman de gripa por la falta de árboles.

Manejar el bien agua es algo fundamental para una sociedad, puesto que involucra la vida misma de sus habitantes y también del ecosistema donde ellos viven. Las dos propuestas de Ley son incompatibles en su base y tienen repercusiones muy grandes en el futuro y la sostenibilidad de este país.

El centro de la Ley Korenfeld no es el agua sino facilitar el financiamiento para extraerla, purificarla y distribuirla. En la propuesta de la Ley Ciudadana, el centro es el agua dentro de su medio natural y su uso por toda la sociedad.

Debo de admitir que sí somos de “Lento Aprendizaje”. Nos ha llevado más de 400 años darnos cuenta que la infraestructura de concreto por sí sola no resolverá el manejo del agua, y en muchos casos lo empeora. Así lo demuestra la historia de la Ciudad de México, desde el Tajo de Nochistongo (1609) hasta el actual Túnel Emisor Oriente. Es momento de apostarle a la otra infraestructura, la social, que busca una nueva forma de generar más garantías para que tengamos agua en el futuro, trabajando con la naturaleza. Si seguimos sin aprender, las garantías en Ley Korenfeld serán para los inversionistas y financiadoras, y quizá sólo algunos de sus dueños podrán pagar el agua limpia cuando se venga una sequía por el cambio climático.




Sunday, February 8, 2015

El Derecho Humano al Agua en manos de la iniciativa privada

Este artículo salió publicado en la revista Nexos en su sección La Brujula

Desde pequeños nos enseñan que existe un ciclo en el agua, que simplificado es más o menos así:

evaporación - nubes - lluvias - ríos, lagos o mar - evaporación.

Pero hace como un par de años, en un encuentro de la Comisión de Derechos Humanos del DF, este esquema fue “roto” por un ingeniero de la organización ANEAS invitado al foro de derechos humanos al agua. Él nos explicó que esta forma de estudiar el ciclo del agua es anacrónica y se tenía que extirpar de los libros de texto puesto que el ciclo del agua estaba regido fundamentalmente por tubos y bombas.

Para mí fue una revelación.

Tomado de www.smapa.gob.mx
No porque cambiara mi concepto sobre el ciclo del agua, sino porque comprendí la distorsionada visión que tienen algunas personas sobre este líquido; algunas de ellas son las que manejan las políticas públicas de esta ciudad. Esta visión explica porque vivimos en una ciudad que se inunda en época de lluvias y no tiene agua en época de secas, aún cuando llueve diez veces más del agua que utilizamos. Supongo este tipo de personas con la visión de tubos y bombas también construyeron el documento que está circulando entre los interesados sobre la nueva iniciativa de Ley de Aguas Nacionales que aparentemente será sometido por la CONAGUA al Congreso. La primera pista sobre esta visión es que en su exposición de motivos, lo primero que se detecta es que nunca se habla de la naturaleza. Lo más cercano es una expresión que dice: “Sin comprometer la sustentabilidad ni frenar el desarrollo económico”. No sé cuál concepto de “sustentabilidad” que se haya usado, ya que incluso el concepto más primitivo incluye al desarrollo económico, lo cual habla de su cercanía con ese tema. Contradiciendo esta frase, la exposición habla también de los errores más grandes que hemos tenido en términos de manejo ecosistémico: el trasvase (que significa extraer agua de una cuenca y verterla en otra; por ejemplo, el agua del Sistema Cutzamala que provee del 30% de agua a la Ciudad de México es agua que trasvasamos, extrayéndola de la cuenca del Lerma y los deshechos contaminados llegan a la cuenca del Pánuco y de ahí al Golfo de México). Probablemente éste sea de las actividades menos sustentables que hace el ser humano y la exposición de motivos lo justifica con argumentos como “ya somos muchos” y “hay sequías”.

Después de la exposición de motivos viene la propuesta de Ley que la componen 249 artículos (casi el doble del número de artículos que tiene Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos). Aún con esa cantidad de artículos la propuesta de Ley deja muchos huecos en el manejo del agua. Por ejemplo, en el Artículo 8, no se entiende que significa el “equilibrio ecológico”; en el Artículo 9 no explica la “sustentabilidad ambiental”; en el capítulo IX el uso del agua para la conservación ecológica apenas alcanza dos renglones. En contraste la infraestructura y financiamiento cuentan con más de 170 artículos de diferente índole y extensión. Incluso, en el apartado dedicado a la protección del recurso hídrico, el factor de mayor importancia es la infraestructura. En esta propuesta de ley es más importante incluir en el marco jurídico asociaciones privadas como la ANEAS (Asociación Nacional de Empresas de Agua y Saneamiento de México) referida en el Artículo 23 que incluir los procesos naturales que afectan la disponibilidad de agua a ciudades.

La importancia de incluir a la naturaleza en la Ley se basa en que en ella están las reservas de agua y ella puede reducir los efectos de inundaciones y sequías. Para comprender porqué es necesario incluir en la Ley de Aguas una visión de ecosistema, basta recordar cómo funciona el Valle de México. El 70% del agua que tomamos en esta Ciudad viene del acuífero, que por ello está siendo sobreexplotado al 100%; por cada litro de agua que entra al acuífero se extraen dos. La recarga sucede principalmente en la zona boscosa que está al sur de la ciudad. Si urbanizamos la zona boscosa, la recarga se reducirá en un 27%. Así que tarde o temprano nos vamos a acabar el agua, y si urbanizamos los bosques nos la vamos a acabar antes. Por su parte, la sobreexplotación del acuífero genera que la tierra se compacte y por lo tanto se generan hundimientos. Una tierra más baja es más fácil que se inunde cuando existen precipitaciones fuertes. Ello es fundamental que la protección y manejo de estas regiones estén en la propuesta de Ley; sin embargo, esta propuesta por la CONAGUA es como el diseño de las tuberías de una casa que no incluye la conexión del municipio al tinaco o el drenaje.

Sorprende todavía más, que la propuesta de Ley de Aguas, sólo le dedique un renglón a este fenómeno. El Cambio Climático y el agua son un binomio esencial para emprender las medidas de mitigación y adaptación en las ciudades con el fin de perder la menor cantidad de vidas humanas en el futuro y asegurarlas de agua. Por ejemplo, la probabilidad de inundaciones en la Ciudad de México, Buenos Aires y Sao Pablo aumenta dramáticamente cuando se incluyen las predicciones del cambio climático[1]. No obstante, tampoco parece ser importante en esta propuesta de ley.

Esta propuesta de Ley cambia también las características que el agua potable debe tener: sin olor sin color y sin sabor. La propuesta de Ley indica que el sabor, olor y el color del agua de uso doméstico debe de ser “aceptable”. Hace dos años y medio, justo antes de las elecciones presidenciales, los capitalinos recibimos agua un sabor muy desagradable. El agua provenía del sistema Cutzamala. El entonces Comisionado Nacional del Agua, el ingeniero José Luis Luege Tamargo, en rueda de prensa mostró su valentía al tomar un vaso con agua que salía de ese sistema y dijo que el agua se podía beber. El sabor se debía a un tóxico producido por la geosmina una sustancia producida por un alga que surge en época de calor cuando los lagos (en este caso la Presa de Valle de Bravo) están contaminados. En estos meses de nuevo esta sucediendo el agua apestosa. Con esta propuesta de ley tomaremos agua “aceptable” según los funcionarios, aunque eso no indica que necesariamente sea potable.

En esta propuesta de Ley los problemas del agua se pueden resolver con tubos y bombas, mas desde su exposición de motivos advierte que como la infraestructura es muy costosa, se tiene que invitar a la iniciativa privada a participar. De esta manera, las empresas ayudarán a resolver los problemas.

Así, que nuestro derecho humano al agua (término que está incluido en esta propuesta de Ley cada determinado número de renglones, se necesite o no se necesite) ahora estará en manos de la iniciativa privada, pues el Estado no le alcanza para evitar inundaciones o purificar el agua.

En contraste, un grupo de más de 450 personas de la sociedad civil y de la academia se han estado reuniendo durante más de dos años con el fin de construir una Ley Nacional de Aguas donde se incluye a las dinámicas de la naturaleza relacionadas con el agua. La propuesta ciudadana de ley centra a la dinámica natural de las cuencas como la forma básica del manejo del agua. En lugar de invertir el dinero en infraestructura que se deteriora, se invierte en la restauración de la naturaleza y que ésta haga el trabajo de la infraestructura sin necesidad de mantenimiento, lo que sería más barato y más equitativo socialmente. Esta propuesta sí considera la regulación de actividades en los humedales y los bosques en un proceso de sustentabilidad (en esta iniciativa este concepto ya incluye el desarrollo económico).

Además la parte ecológica es sólo una de las muchas esquinas que debe de tener una propuesta de ley. En los rubros sociales, legales y financieros los problemas de la propuesta de la CONAGUA darían diversos análisis. En cambio, la propuesta de la sociedad civil centra la ley en una gestión planificada y participativa del agua, con contraloría social. El objetivo final se basan en tres ejes, que haya agua para los ecosistemas, para todas y todos y para la soberanía alimentaria. Esto promoverá un control en la contaminación, evitará la destrucción de cuencas y reducirá la vulnerabilidad a inundaciones y sequías, considerando el cambio climático.

Las dos propuestas de la Ley Nacional de Aguas transparentan el fenómeno que estamos viviendo en el país. Por un lado, una propuesta que garantiza esta simbiosis de la iniciativa privada con sus relaciones cercanas con el sector político, que casi siempre genera resultados poco deseables. Por el otro lado, una propuesta que promueve la participación ciudadana, pulverizando el control de las decisiones en múltiples sectores que se autorregulan y que consideran a la naturaleza como un aliado para resolver los problemas. Tenemos que tener mucho cuidado en cual escogemos puesto que nuestro Derecho Humano al Agua está de por medio.





[1] Datos proyecto internacional entre Instituto de Biología y FARN financiado por CDKN que serán presentados en la COP20 en Perú en Diciembre.

Thursday, November 13, 2014

¿A qué huele el agua?

Esto fue publicado  en la revista electrónica Transeúnte en Junio del 2012, pero ahora tiene vigencia pues de nuevo el agua huele mal.  Este artículo es en colaboración con la Dra. Marisa Mazari del Instituto de Ecología, UNAM. La Dra. Mazari trabaja sobre aspectos de la calidad del agua que nos tomamos, tanto extraída de pozos, como de sistemas de agua superficial como es el caso del Sistema Cutzamala.

Desde hace algunas semanas, los capitalinos de diez delegaciones hemos recibido agua con un olor y sabor desagradable. Según las autoridades, las delegaciones son: Azcapotzalco, Miguel Hidalgo, Benito Juárez, Coyoacán, Cuajimalpa, Magdalena Contreras, Tlalpan, Iztapalapa, Iztacalco y Venustiano Carranza.

Al principio, cada quien creía que era su propia cisterna o tinaco, y algunos hasta los mandaron a lavar, pero no resolvió el problema. Poco a poco nos dimos cuenta que era un fenómeno generalizado, comentado por vecinos y amigos cercanos.

Poco después nos enteramos por las noticias que este problema sólo lo sufrían las personas que reciben el agua del Sistema Cutzamala que en algunas zonas la combinan con agua de pozo. Dicho sistema se basa en una serie de tubos que comienzan en Michoacán, cruzan el Estado de México y así llegan hasta el DF. Este sistema se abastece de siete presas, entre las cuales se encuentran la presa Valle de Bravo y Villa Victoria, en las que aparentemente se presentó el problema.

Durante la época de secas en estas presas, como en todos los lagos del país, la temperatura del agua es mucho más alta que durante el resto del año. Además, al finalizar esta época de calor, los lagos y presas no han recibido agua nueva durante varios meses y el sol ha evaporado parte de la contenían. Es como dejar un caldo a fuego lento, después de un rato se tiene una sopa con poca agua y muy concentrada. En el caso de los lagos es concentrada en nutrientes como el fósforo y el nitrógeno.

Estas son las condiciones ideales para las algas.

Las algas son las que tiñen el agua de color verde. Cualquiera que haya ido al Lago de Chapultepec sabe de lo que estamos hablando. Parecidas a las bacterias, las algas pueden reproducirse extremadamente rápido y en pocos días cambiar el agua de una presa, como la de Valle de Bravo, de transparente a verde intenso.

Cada año la duración de la época de secas, de lluvias y la temperatura del agua es diferente. También es distinto en la cantidad de nutrientes, por lo tanto, aún cuando en estas fechas siempre se presenta en el crecimiento de algas, no todos los años es en la misma cantidad. Al parecer este año el crecimiento algal fue particularmente intenso. 

Cuando nos referimos a “las algas”, no nos referimos a una sola especie, sino a un conjunto de especies de algas que forman una comunidad. Cada especie tiene sus propias respuestas a la temperatura y la cantidad de nutrientes. También generan diferentes substancias, algunas son inocuas pero otras pueden ser tóxicas para el ser humano.

Por ejemplo, una especie de algas produce una substancia llamada “geosmina”, que en griego significa “aroma de la tierra”. Esta substancia fue la reportada por las autoridades como aquella que está provocando el olor del agua que estamos tomando en la Ciudad de México. La substancia puede ser tóxica en un grado bajo para algunos seres humanos sensibles; puede causar irritación de piel y ojos, así como malestar estomacal.

Si llegó esta olorosa substancia a nuestros grifos, nadie nos puede asegurar que no existan otras algas, bacterias, o incluso virus que no estén llegando. Por ejemplo, existe un alga que tiene diferentes variedades -como las razas de los perros- y una de estas variedades puede generar una substancia tóxica llamada microsistina. Sabemos que en Valle de Bravo esta alga se ha presentado en años anteriores, pero no sabemos si en este evento se presenta la variedad tóxica.

Los efectos potenciales a mediano y largo plazo del consumo del agua, con toxinas como la microsistina, están primordialmente sobre el daño en el hígado. En pocas palabras, podemos estar tomando agua con toxinas y no enfermarnos en el corto plazo, pero sí presentar problemas de hígado en el largo plazo. Por lo anterior, el argumento de la Secretaría de Salud del DF, en el cual indican que el consumo del agua no afecta a los humanos porque no se han detectado brotes epidémicos, implica solo una parte de la problemática.

Estas substancias pueden estar llegando a nuestros grifos por una falta de capacidad para tratar aguas con un exceso de algas en las plantas potabilizadoras. La salud de la población está en riesgo y, por lo tanto, es fundamental invertir recursos para contar con plantas potabilizadoras con capacidad suficiente para purificar el agua, incluso sólo para estas épocas del año.

¿Qué podemos hacer? Primero estar conscientes de que esto es temporal y que posiblemente con las lluvias, el florecimiento de algas se reduzca. Mientras tanto, es recomendable el no tomar agua de manera directa del grifo. Para ello, habrá que utilizar el recurso menos sustentable que existe: comprar agua embotellada. El agua embotellada genera basura con los envases de plásticos no degradables. Las embotelladoras utilizan el agua casi purificada de las plantas potabilizadoras -que todos pagamos con nuestros impuestos-  la terminan de purificar y las envasan. Por ello nos cobran el litro de agua 10 mil veces más caro de lo que cuesta el litro de agua que llega a nuestros grifos. Es buen negocio para las compañías embotelladoras pero muy malo para el resto de la sociedad. Esperemos que este recurso sea necesario muy poco tiempo.

También existe la posibilidad de hervirla, puesto que la geosmina es un alcohol que se evapora con el calor, pero está en combinación con un naftaleno y desconocemos si puede dejar residuos; tema que estamos aún investigando con ayuda de químicos expertos. Una última opción es pasar el agua por filtros que tengan carbón activado, pues éste retiene los compuestos orgánicos como la geosmina. Pero hay que tener en mente que estos filtros no son eficientes al 100%. 

La Conagua y el Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACMEX) han dicho que esta agua con olor desagradable no tiene efectos en salud. Aquí se pueden plantear dos escenarios: imaginemos que eso no es cierto y que sí tiene efectos en salud, ¿qué otra cosa podrían decir a dos semanas de las elecciones? ¿Pedirnos los capitalinos que no tomemos agua? Ya lo dijo el Secretario de Salud del DF “Huele feo y sabe feo, pero es la única disponible, si no trajéramos esa agua, pues entonces no habría de otra” (Reforma 26 de junio, 2012).

Ahora bien, imaginemos el segundo escenario: efectivamente el agua sólo tiene mal olor y sabor, así que tenemos que aguantarnos. ¿No nos merecemos algo mejor los capitalinos? En la Norma Oficial Mexicana (NOM-127-SSA1-1994), se menciona que la primera característica que debe de tener el agua tener “olor y sabor agradable”. La interpretación basado en nuestras clases de primaria es que no debe de tener ni color ni sabor ni olor.



A corto plazo podemos hervir el agua, comprar agua embotellada o resignarnos a tomar agua con olor y sabor desagradable. Pero en el largo plazo es fundamental exigirle a las autoridades que cuenten con planes para un manejo de agua sostenible, que incluyan el contar con plantas potabilizadoras, que tengan filtros de carbón activado y sean capaces de cubrir esos problemas que nos afectan de manera directa.


También es fundamental que las autoridades nos informen claramente con sobre las causas y consecuencias de este problema. Nos encantaría conocer los datos de los análisis realizados por Conagua sobre la concentración del compuesto geosmina que ellos reportan, así como la inocuidad de estas substancias, es decir, los análisis que prueban que estas no tengan efectos en la salud humana. Sin embargo, nunca nos muestran la totalidad de los datos, sólo una parte, lo cual genera suspicacias. Con toda la información tendremos una sociedad que pueda tomar decisiones sobre su propia salud sin desconfiar de las autoridades.