Thursday, November 13, 2014

¿A qué huele el agua?

Esto fue publicado  en la revista electrónica Transeúnte en Junio del 2012, pero ahora tiene vigencia pues de nuevo el agua huele mal.  Este artículo es en colaboración con la Dra. Marisa Mazari del Instituto de Ecología, UNAM. La Dra. Mazari trabaja sobre aspectos de la calidad del agua que nos tomamos, tanto extraída de pozos, como de sistemas de agua superficial como es el caso del Sistema Cutzamala.

Desde hace algunas semanas, los capitalinos de diez delegaciones hemos recibido agua con un olor y sabor desagradable. Según las autoridades, las delegaciones son: Azcapotzalco, Miguel Hidalgo, Benito Juárez, Coyoacán, Cuajimalpa, Magdalena Contreras, Tlalpan, Iztapalapa, Iztacalco y Venustiano Carranza.

Al principio, cada quien creía que era su propia cisterna o tinaco, y algunos hasta los mandaron a lavar, pero no resolvió el problema. Poco a poco nos dimos cuenta que era un fenómeno generalizado, comentado por vecinos y amigos cercanos.

Poco después nos enteramos por las noticias que este problema sólo lo sufrían las personas que reciben el agua del Sistema Cutzamala que en algunas zonas la combinan con agua de pozo. Dicho sistema se basa en una serie de tubos que comienzan en Michoacán, cruzan el Estado de México y así llegan hasta el DF. Este sistema se abastece de siete presas, entre las cuales se encuentran la presa Valle de Bravo y Villa Victoria, en las que aparentemente se presentó el problema.

Durante la época de secas en estas presas, como en todos los lagos del país, la temperatura del agua es mucho más alta que durante el resto del año. Además, al finalizar esta época de calor, los lagos y presas no han recibido agua nueva durante varios meses y el sol ha evaporado parte de la contenían. Es como dejar un caldo a fuego lento, después de un rato se tiene una sopa con poca agua y muy concentrada. En el caso de los lagos es concentrada en nutrientes como el fósforo y el nitrógeno.

Estas son las condiciones ideales para las algas.

Las algas son las que tiñen el agua de color verde. Cualquiera que haya ido al Lago de Chapultepec sabe de lo que estamos hablando. Parecidas a las bacterias, las algas pueden reproducirse extremadamente rápido y en pocos días cambiar el agua de una presa, como la de Valle de Bravo, de transparente a verde intenso.

Cada año la duración de la época de secas, de lluvias y la temperatura del agua es diferente. También es distinto en la cantidad de nutrientes, por lo tanto, aún cuando en estas fechas siempre se presenta en el crecimiento de algas, no todos los años es en la misma cantidad. Al parecer este año el crecimiento algal fue particularmente intenso. 

Cuando nos referimos a “las algas”, no nos referimos a una sola especie, sino a un conjunto de especies de algas que forman una comunidad. Cada especie tiene sus propias respuestas a la temperatura y la cantidad de nutrientes. También generan diferentes substancias, algunas son inocuas pero otras pueden ser tóxicas para el ser humano.

Por ejemplo, una especie de algas produce una substancia llamada “geosmina”, que en griego significa “aroma de la tierra”. Esta substancia fue la reportada por las autoridades como aquella que está provocando el olor del agua que estamos tomando en la Ciudad de México. La substancia puede ser tóxica en un grado bajo para algunos seres humanos sensibles; puede causar irritación de piel y ojos, así como malestar estomacal.

Si llegó esta olorosa substancia a nuestros grifos, nadie nos puede asegurar que no existan otras algas, bacterias, o incluso virus que no estén llegando. Por ejemplo, existe un alga que tiene diferentes variedades -como las razas de los perros- y una de estas variedades puede generar una substancia tóxica llamada microsistina. Sabemos que en Valle de Bravo esta alga se ha presentado en años anteriores, pero no sabemos si en este evento se presenta la variedad tóxica.

Los efectos potenciales a mediano y largo plazo del consumo del agua, con toxinas como la microsistina, están primordialmente sobre el daño en el hígado. En pocas palabras, podemos estar tomando agua con toxinas y no enfermarnos en el corto plazo, pero sí presentar problemas de hígado en el largo plazo. Por lo anterior, el argumento de la Secretaría de Salud del DF, en el cual indican que el consumo del agua no afecta a los humanos porque no se han detectado brotes epidémicos, implica solo una parte de la problemática.

Estas substancias pueden estar llegando a nuestros grifos por una falta de capacidad para tratar aguas con un exceso de algas en las plantas potabilizadoras. La salud de la población está en riesgo y, por lo tanto, es fundamental invertir recursos para contar con plantas potabilizadoras con capacidad suficiente para purificar el agua, incluso sólo para estas épocas del año.

¿Qué podemos hacer? Primero estar conscientes de que esto es temporal y que posiblemente con las lluvias, el florecimiento de algas se reduzca. Mientras tanto, es recomendable el no tomar agua de manera directa del grifo. Para ello, habrá que utilizar el recurso menos sustentable que existe: comprar agua embotellada. El agua embotellada genera basura con los envases de plásticos no degradables. Las embotelladoras utilizan el agua casi purificada de las plantas potabilizadoras -que todos pagamos con nuestros impuestos-  la terminan de purificar y las envasan. Por ello nos cobran el litro de agua 10 mil veces más caro de lo que cuesta el litro de agua que llega a nuestros grifos. Es buen negocio para las compañías embotelladoras pero muy malo para el resto de la sociedad. Esperemos que este recurso sea necesario muy poco tiempo.

También existe la posibilidad de hervirla, puesto que la geosmina es un alcohol que se evapora con el calor, pero está en combinación con un naftaleno y desconocemos si puede dejar residuos; tema que estamos aún investigando con ayuda de químicos expertos. Una última opción es pasar el agua por filtros que tengan carbón activado, pues éste retiene los compuestos orgánicos como la geosmina. Pero hay que tener en mente que estos filtros no son eficientes al 100%. 

La Conagua y el Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACMEX) han dicho que esta agua con olor desagradable no tiene efectos en salud. Aquí se pueden plantear dos escenarios: imaginemos que eso no es cierto y que sí tiene efectos en salud, ¿qué otra cosa podrían decir a dos semanas de las elecciones? ¿Pedirnos los capitalinos que no tomemos agua? Ya lo dijo el Secretario de Salud del DF “Huele feo y sabe feo, pero es la única disponible, si no trajéramos esa agua, pues entonces no habría de otra” (Reforma 26 de junio, 2012).

Ahora bien, imaginemos el segundo escenario: efectivamente el agua sólo tiene mal olor y sabor, así que tenemos que aguantarnos. ¿No nos merecemos algo mejor los capitalinos? En la Norma Oficial Mexicana (NOM-127-SSA1-1994), se menciona que la primera característica que debe de tener el agua tener “olor y sabor agradable”. La interpretación basado en nuestras clases de primaria es que no debe de tener ni color ni sabor ni olor.



A corto plazo podemos hervir el agua, comprar agua embotellada o resignarnos a tomar agua con olor y sabor desagradable. Pero en el largo plazo es fundamental exigirle a las autoridades que cuenten con planes para un manejo de agua sostenible, que incluyan el contar con plantas potabilizadoras, que tengan filtros de carbón activado y sean capaces de cubrir esos problemas que nos afectan de manera directa.


También es fundamental que las autoridades nos informen claramente con sobre las causas y consecuencias de este problema. Nos encantaría conocer los datos de los análisis realizados por Conagua sobre la concentración del compuesto geosmina que ellos reportan, así como la inocuidad de estas substancias, es decir, los análisis que prueban que estas no tengan efectos en la salud humana. Sin embargo, nunca nos muestran la totalidad de los datos, sólo una parte, lo cual genera suspicacias. Con toda la información tendremos una sociedad que pueda tomar decisiones sobre su propia salud sin desconfiar de las autoridades.

Wednesday, September 17, 2014

El nuevo aeropuerto y la nueva Hummer

Una versión más resumida de esta publicación salió en Nexos hace una semana, la pueden ver aquí.

Hummer ¿lo verde la hará sustentable? (foto de Hummerblog.com)

Me da la impresión de que la clase política ve al nuevo aeropuerto de la Ciudad de México como cuando alguien va a la agencia de autos a convencerse de comprar una Hummer. Lo deslumbran su aire acondicionado, su pantalla táctil, su amplio espacio interior. El comprador busca argumentos para asegurarse de que le será muy útil, busca todos sus atributos y seguro le encuentra uno que hasta convierte a la camioneta en “sustentable” o que con ella su productividad subirá. Revisa lo infeliz que es con el auto que tiene, que no cumple con sus requerimientos y le molestan hasta las envolturas que se han acumulado dentro. Minimiza todos los inconvenientes que una camioneta de esas dimensiones puede traer y al final, se convence de comprarla porque, en el fondo, la camioneta le toca la fibra sensible y escondida del amor a lo monumental, al tlatoani, a lo faraónico. Se autoconvence de que se la merece. Así tendrá derecho a estacionarla en el Zocalo el próximo informe.
 
Piensa: "aquí se vería bien" (foto: revolucionesmx.blogspot.com)
Todo esto es independiente de si la necesita o no.

En el caso del aeropuerto, la búsqueda de atributos “sustentables” ha sido una de las prioridades. Un video de Norman Foster y el "yerno de Slim" (1) anuncia, como si fueran novedosas, las características de sustentabilidad del aeropuerto: durante seis meses al año, no necesitará aire acondicionado o calefacción pues tendrá ventilas que se abren y se cierran. Además, tendrá cactus en la entrada. Corrijan si me equivoco, pero este descubrimiento de sustentabilidad en la construcción se ha utilizado en la mayoría de las casas de esta ciudad, ya que para controlar la temperatura simplemente abrimos o cerramos las ventanas y, casi siempre, cuentan con un cactus en la entrada. Reducir el gasto de energía innecesario no se debería de vender como “lo sustentable”, es lo mínimo que una construcción debería tener.

Contrario a este video, la verdadera sustentabilidad va más allá, involucra en dónde se va a localizar el aeropuerto en la ciudad, pues eso va a afectar a todos sus habitantes, lo utilicemos o no. Pensemos tan sólo en las miles de toneladas de contaminación extra al duplicar el número de vuelos o el transporte para llegar hasta la nueva sede.

Foto: "plantasfacilisimo.com"
Por otra parte, y más importante, el área en que se construirá es de las zonas más bajas y una de las que más rápido se hunde (entre 20 y 40 cm por año) en la ciudad. Estas características son la razón por la cual la utilizamos como laguna de regulación para las tormentas y por lo cual gobiernos anteriores no lo consideraron para el aeropuerto. No es que no hubieran visto las más de 10 mil hectáreas de terreno donde se va a instalar. Con el aeropuerto ocupando este espacio, el agua, que busca las zonas más bajas, se verá impulsada hacia lugares urbanizados, inundándolos.

Para amortiguar la pérdida de esta laguna de regulación, el plan maestro del aeropuerto pretende “mejorar” estos terrenos con más infraestructura. Un plan hidráulico que construirá plantas de tratamiento y entubará ríos. Los costos de este plan son de al menos 16 mil millones de pesos. pero hay que añadirle mantenimiento, que es muy importante. Por ejemplo, las 26 plantas de tratamiento del DF tienen capacidad para más de 6.6 mil litros por segundo; sin embargo, sólo se trata cerca del 50% por falta de mantenimiento (ii).Lo que la naturaleza da gratis (mejorar el agua y evitar que nos inundemos) lo reemplazamos con infraestructura que no cumple las mismas funciones y que nos cuesta mucho dinero mantener (iii).  

La sustentabilidad involucra saber si el beneficio de tener un nuevo aeropuerto, con todas las ganancias económicas que le atribuyen, será más grande que el costo de las inundaciones, o del costo la infraestructura necesaria y su mantenimiento para desalojar el agua. Tomemos como ejemplo el Canal Río de la Compañía, que está a 15 metros por encima del terreno debido al hundimiento de la ciudad, el cual se ha “restaurado” para evitar que se inunde Chalco en época de lluvias.Otro ejemplo es la construcción del Túnel Emisor Oriente, que ha costado más de 32 mil millones de pesos, (y el precio sigue subiendo). Sobra decir que ninguna de las dos infraestrcturas han impedido del todo las inundaciones. Debido a los hundimientos de la ciudad, los desagües están ahora por encima del terreno por lo que ahora se necesitan más de 178 bombas para hacerlos funcionar (iv). No sabemos, y probablemente el gobierno tampoco, en cuanto aumentará la inversión en infraestructura para evitar las inundaciones  ni  cuánto costará su mantenimiento, o si será eficiente ante las lluvias extremas.

Mapa de hundimiento en la zona del aeropuerto (Autor. Tania Fernandez)
Se utiliza la firma de Norman Foster porque tiene fama de hacer edificios sustentables. No he escuchado más que halagos de su voluminoso currículum de edificios en todo el mundo. Pero los dos proyectos que le conozco en México, el nuevo aeropuerto y la Biometrópolis, son un perfecto caso de falta de comprensión del ecosistema donde se van a instalar. En este segundo caso, los edificios de Biometrópolis se quieren construir sobre un terreno de 70 hectáreas lleno de tubos de lava únicos en el mundo, algunos de ellos con diámetros de más de 10 metros. Sus características de suelo (roca volcánica) ayudan a la infiltración del agua que baja por el Ajusco. Además de ser una zona de gran diversidad y continuación el bosque hacia las zonas del Pedregal.

En ambos casos, los desarrolladores enfocan la palabra sustentabilidad, dejando de lado los efectos que al ecosistema y la ciudad podrían traer tales proyectos. No es casualidad, ya no hay espacio libre en la ciudad y las megaobras demandan ocupar el espacio que no se ha urbanizado por ser muy sensibles para la sustentabilidad de la ciudad. Por ello, construir ahí, aun cuando tengan certificado LEED, puede traer consigo problemas mayores que los potenciales beneficios.

Los que hemos utilizado el actual aeropuerto hemos sufrido su ineficiencia y esto podría ser un argumento válido para construir otro. Pero no es clara la responsabilidad qué tienen en este sufrimiento la mala organización del personal de las aerolíneas y del mismo aeropuerto. Esto no necesariamente cambia con nuevas instalaciones. Por ejemplo, estar una hora encerrado en el avión esperando desembarcar no necesariamente es por falta de puertos, sino por una falta de capacidad de previsión y de organización. Reconozcamos además que la mayor parte de nuestras desventuras se deben al pésimo servicio que las aerolíneas mexicanas proveen en México, en JFK Nueva York, Heathrow Londres, o Narita Toko.

El ánimo centralista también juega un papel importante. Todos los vuelos van y vienen de la Ciudad de México. Son raros los vuelos regionales u otros aeropuertos que funcionen como conectores. Alguien que quiere ir de Mérida a Tuxtla Gutiérrez en avión tiene que cruzar por la Ciudad de México, lo que aumenta su saturación. Los escasos intentos de generar una red de aeropuertos alrededor (Toluca, Puebla, Querétaro y Cuernavaca) se perdieron hace tiempo. A diferencia de otros países donde existen aeropuertos en red dispersos en todo su territorio, lo que hace más eficiente y barata la movilidad.


Rutas de vuelos de Aeromexico (eltours.com)


Si el problema es la saturación, sería importante evaluar los costos y beneficios de construir un gran aeropuerto contra el desarrollo de una red de aeropuertos. Desafortunadamente, nos deslumbran los megaproyectos. Pensamos que la infraestructura es la única solución a nuestros problemas, pues es muy baja nuestra capacidad de organización. Este amor a las obras faraónicas nos ha generado muchos problemas que seguimos pagando en el presente, como con las dedicadas a expulsar agua y entubar ríos, que no funcionan cuando la ciudad se inunda en lluvias y se queda sin agua en secas. Continuar con esta admiración por lo monumental, puede traer más problemas en el mediano plazo que costará mucho resolver. Quizá es como comprarse la Hummer sin tener el dinero para acabarla de pagar, sin contar con un estacionamiento apropiado, sin cambiar el hábito de ensuciarla con envolturas, sin poseer los miles de pesos que se gasta en gasolina anualmente. El deslumbre de verla en la agencia de autos se pagara muy caro después. Como el de construir algo porque los renders arquitectónicos son verdes y llamativos y se anuncian como sustentables.





(i) Un arquitecto tan renombrado que sus logros han sido las edificaciones que su suegro impone y por ello la prensa lo nombra el “yerno de Slim”
(ii) Datos de SACMEX
(iii) Llama la atención que se dice que la laguna de regulación está muy deteriorada, por lo que se requieren obras hidráulicas, aun cuando cumple su función natural de manera gratuita.
(iv) Sheinbaum C. Problemática ambiental de la Ciudad de México. Instituto de Ingeniería UNAM. Limusa.

Saturday, July 12, 2014

La Complejidad en los Socio-Ecosistemas III: Lo de Newton.. no es para esto

Hace unos días se publicó en la revista ciencias este artículo. El artículo habla como las teorías ecológicas pueden explicar lo que estamos viviendo como sociedad. Esta es la segunda de cuatro partes que serán publicadas aquí. 

Durante los principios de los noventa, otro holandés analizaba las relaciones de los lagos a partir de los resultados de sus paisanos y de otros colegas, pero desde el ángulo de sistemas complejos. Marten Scheffer desarrolló un modelo para describir lo que estaba sucediendo en estos lagos, utilizando variables agrupadas en la cantidad de nutrientes en el agua, la cantidad de algas, de zooplancton y de peces. Los resultados de estos modelos cambiaron la bases de la limnología. Los modelos sugirieron que los lagos tienen una dinámica bi-estable en lo que se refiere a la columna de agua. En otras palabras, que el agua de los lagos o es establemente turbia o transparente. Scheffer utilizó a los nutrientes (agrupo a todos los nutrientes en una bolsa) como variable de perturbación que estaba relacionada con la relación de depredación entre las algas (todas las especies de algas) y el zooplancton (todas las especies de zooplancton). El cambio en los lagos entre un punto estable y otro es muy repentino y por ello le denominó “cambios catastróficos” (un apelativo un poco dramático para una teoría científica). 

Modelos posteriores sugieren que no sólo existen dos puntos de estabilidad sino que pueden existir muchos. Un análisis más profundo sobre las respuestas que existen en estos modelos también han ayudado a estudiar la estabilidad de los puntos, o la velocidad de los cambios en la dinámica. En los últimos años se ha buscado predecir que tanto se puede perturbar un ecosistema sin que cambie de estabilidad. En otras palabras, queremos saber que tan cerca estamos del cambio catastrófico cuando estamos perturbando el ecosistema. De todos estos análisis se popularizó la palabra resilencia del ecosistema, a tal grado que los políticos que la utilizan en cada uno de sus discursos cuando hablan de ecología, pero es difícil asegurar que entienden el concepto.

En este campo han ido evolucionando los términos en pocos años. Al cambio catastrófico de un sistema estable a otro se le nombra ahora transición crítica. En la profundización en este tipo de modelos ha generado una nueva línea de investigación en ecología, la de comprender a los ecosistemas como sistemas complejos que pueden presentar dinámicas no lineares y que explican lo poco predecibles que pueden llegar a ser.

Comprender el funcionamiento de los ecosistemas como sistemas complejos también ha ayudado que la sociedad comience a darse cuenta que la relación entre humanos y ecosistema no es mono-direccional, por el contrario es bi-direccional. En la conciencia social ahora existe la idea empírica de que el afectar a la naturaleza tiene consecuencias, pues tarde o temprano la dinámica generada a partir de esta perturbación nos afecta en la vida cotidiana. En otras palabras, hasta hace unos años se pensaba que existía una relación lineal y por lo tanto en el manejo de recursos se podía aplicar una suerte modificada a la tercera ley de Newton: a toda acción hay una reacción inversamente proporcional y en sentido contrario. Por ejemplo, si se construye una carretera, se afectan sólo unos cuantos metros al ecosistema (el número de metros de asfalto que se colocan) que, comparados con la cantidad de hectáreas de toda la cuenca es mínima. La “acción” de una carretera tendría una “reacción” del ecosistema mínima, que además estaría subsanada con un programa de reforestación impulsada por la constructora.  

Las catástrofes recientes en Guerrero y de hace unos años en Chalco y Tláhuac por los huracanes y tormentas tropicales sugieren que esta lógica está errada. A pesar de que la mayoría de las construcciones siguieron estas reglas, plantando al menos tres árboles por cada uno de los destruidos, el ecosistema ha reaccionado muy diferente a las lluvias torrenciales. En la época de lluvias, gran parte del agua se infiltraba al subsuelo pues los árboles y pasto funcionan como barreras y esponja a la vez. Con árboles en medio el agua que llegaba a las zonas bajas era mucho menos y con menor velocidad. El agua llega ahora en mayor cantidad y con mucho mayor velocidad debido a que en lugar de estos árboles hay concreto que disminuye la fricción del agua y evita que se infiltre al subsuelo. En cuanto a los árboles reforestados por las compañías, aún cuando todos sobrevivieran (algo que nunca sucede), la gran mayoría de las veces no se encuentran ni siquiera en la cuenca donde los otros árboles fueron talados. Por lo tanto, la dinámica del ecosistema en ese lugar cambió dramáticamente en época de lluvias a pesar de que la cantidad de árboles talados fuera muy poca comparada con todo el bosque que hubiera alrededor. 

La estela de destrucción que dejó el huracán Katrina en Nueva Orleans, es quizá el ejemplo mejor documentado sobre el fracaso de esta en la ley newtoniana distorsionada que los manejadores de recursos naturales tienen de los ecosistemas. En esa ciudad, la urbanización del delta del Mississippi (con todas las reglas ecológicas que pueden imprimir en las leyes norteamericanas) llevó a la destrucción de la ciudad en solo unos días. Este desastre ha llevado a replantear el manejo de esa ciudad. Los nativos del estado de Louisiana en Estados Unidos y de Guerrero en México han aprendido que la naturaleza está basada en dinámicas no lineales, por lo que su respuesta puede ser completamente impredecible en el mediano plazo, aún cuando se conozcan la mayoría de sus componentes.

La Complejidad en los Socio-Ecosistemas IV: Cuando dos complejos se juntan

Hace unos días se publicó en la revista ciencias este artículo. El artículo habla como las teorías ecológicas pueden explicar lo que estamos viviendo como sociedad. Esta es la segunda de cuatro partes que serán publicadas aquí. Esta es la cuarta y última entrega.

Así que las dinámicas complejas no se acotan al funcionamiento del ecosistema, es necesario incluir las dinámicas sociales. La actividad humana es una variable que también cuenta con respuestas no lineares. Las dinámicas sociales son poco predecibles y también han demostrado contar con transiciones críticas a lo largo de la historia. El error ha sido considerar que los ecosistemas y las sociedades son sistemas complejos independientes que sólo interactúan en unos pocos puntos. Es necesario considerar que las sociedades son en realidad sistemas complejos inmersos dentro del sistema complejo que es el ecosistema. A este binomio el Dr. Manolo Mass del Centro en Estudios en Ecosistemas de la UNAM le llama Socioecosistemas

El concepto de socioecosistemas, en donde las interacciones son bi-direccionales entre el humano y la naturaleza, ayuda a comprender el triste destino de algunas civilizaciones antiguas. Explicación que ha sido descrita por Jared Diamond en su libro Colapso. En este libro, el autor describe como grandes culturas generadas en la península de Yucatán, la Isla de Pascua o Groenlandia se desmoronaron en el pináculo de su civilización. Una de las causas de este colapso fue el resultado de las dinámicas complejas resultantes de la interacción que esas civilizaciones tuvieron con la naturaleza. Por el contrario, civilizaciones basadas en Nueva Guinea o Ia isla de Tikopia lograron mantenerse a lo largo del tiempo. Estos ejemplos sugieren que el destino humano depende de su relación con la dinámica del ecosistema. Constantemente, los seres humanos estamos generando dinámicas sociales muy complejas que interaccionan dentro de un sistema complejo (el ecosistema) del cual dependemos para sobrevivir y el resultado de todas estas interacciones es poco predecible. 

Es impensable considerar que existe un ecosistema prístino en el planeta. Así, también es impensable una sociedad aislada de las repercusiones que pueden tener los cambios en la dinámica del ecosistema, cambios que en su mayoría fueron provocados por la misma sociedad a lo largo de su historia. Puesto que los cambios en la naturaleza son de gran magnitud (deslaves, sequías, huracanes y el mismo cambio climático), la tecnología no puede reducir sus efectos para mantener la calidad de vida humana. De hecho, la misma tecnología genera más modificaciones en la dinámica de los ecosistemas. Por lo tanto, aún cuando pueda actuar amortiguando algún cambio ecosistémico, estará produciendo otros cambios  en la dinámica del ecosistema que pueden modificar aún más la dinámica, generando el efecto contrario al deseado. Por ejemplo, la tecnología se ha volcado a producir autos eléctricos, o eficientes en gasolina para reducir la contaminación ambiental, pero esto ha provocado que (al ser más barato no utilizar gasolina) se utilice más el auto y se promueva la contaminación con las baterías que se utilizan en este tipo de tecnología.

Uno de los problemas más grandes que tenemos es que aún cuando son evidentes las complejidad de las dinámicas naturales y sociales, la inercia en la economía y política no ha permitido que este concepto esté presente en los planes de manejo y desarrollo. Esta visión lineal está incluso en las leyes de conservación en México. La ley indica que si se tira un árbol para hacer una construcción, se tienen que plantar en promedio tres más. Con ello, esta política considera que la naturaleza lejos de afectarse hasta se beneficia. Esta lógica permite justificar el destruir un bosque de árboles de 30 metros de altura pues se reforestará en algún otro lugar con árboles de 1.5 metros de altura. Pero es evidente que esta ley no funciona, gracias a este tipo de leyes en el Distrito Federal perdimos cuando menos 500 mil árboles por construcciones viales e inmobiliarias, sólo en el sexenio pasado. 

El complejo sistema social genera contradicciones en nuestra relación con el ecosistema. Un mismo gobernante puede hacer un discurso sobre lo importante que es la conservación de un lugar, y unas semanas después justifica la autorización de la construcción de una carretera que pasará por encima de ese lugar con la palabra desarrollo. Recientemente esta esquizofrenia ha producido documentos gubernamentales que justifican construcciones, que evidentemente destruirán un ecosistema, como argumentos para la conservación de la naturaleza. 

Nuestras sociedades está buscando permanentemente crecimiento. Este crecimiento (económico, poblacional o de infraestructura) se le sinonimia con la palabra desarrollo. Pero este crecimiento perturba al socioecosistema lo que genera resultados impredecibles, que en su mayoría son indeseables para la calidad de vida de los humanos. Por lo tanto, el crecimiento económico o de infraestructura no necesariamente genera calidad de vida y se les debería de desasociar de la palabra desarrollo.

La visión lineal sobre el manejo de los ecosistemas subyugado al crecimiento económico debe de dejar de ser el paradigma con el cual nos relacionamos con la naturaleza. La evidencia de las relaciones no lineares tanto en la naturaleza como en la sociedad indica que ambos (naturaleza y sociedad) estamos inmersos en un mismo sistema complejo que debemos de comprender y analizar, pues en la mayoría de las veces genera resultados impredecibles. En especial ahora que estamos enfrentando el cambio climático.


Literatura sugerida

- Jared Diamond 2007 Colapso Ed Debolsillo Madrid pp747.

- Henrik Ernstson, Sander E. van der Leeuw, Charles L. Redman, Douglas J. Meffert, George Davis, Christine Alfsen, Thomas Elmqvist 2010 Urban Transitions: On Urban Resilience and Human-Dominated Ecosystems AMBIO  39:531–545

- James Gleick 1987 Chaos Vintage Books London pp 352

- M.-L. Meijer, E. H. van Nes, E. H. R. R. Lammens, R. D. Gulati, M. P. Grimm, J. Backx,P. Hollebeek, E. M. Blaauw, A. W. Breukelaar 1994. The consequences of a drastic fish stock reduction in the large and shallow Lake Wolderwijd, The Netherlands. Can we understand what happened?

- Scheffer, M. 1998. Ecology of Shallow Lakes Chapman and Hall London. 


Sunday, June 29, 2014

La Complejidad de los Socio-Ecosistemas II: El Australiano del Caos Poblacional

Hace unos días se publicó en la revista ciencias este artículo. El artículo habla como las teorías ecológicas pueden explicar lo que estamos viviendo como sociedad. Esta es la segunda de cuatro partes que serán publicadas aquí. 


Para solucionar la primera fuente de incertidumbre, los ecólogos de ecosistemas se han abocado a reducir el número de variables. Un lago somero, por ejemplo, podrá tener de 3 a 10 especies de peces, unas 10 a 15 especies de plantas, no menos de 25 especies de algas, otras tantas de zooplancton y crustáceos y no se diga de insectos. Si uno pretendiera modelar una por una las interacciones entre cada una de estas especies, la cantidad de ecuaciones sería inmanejable. Aún cuando uno se atreviera a correr el conjunto de ecuaciones apoyado en el poder actual de las computadoras, los productos de los modelos serían muy poco claros, por lo que no sería posible generar una predicción factible. Así que los modelos serían inútiles. 

Uno de los primeros grandes logros en este tipo de estudios fue el de  darse cuenta que hay variables (ciertas especies o ciertas interacciones entre especies) que no son muy relevantes, pues el ecosistema sigue funcionando de manera muy parecida estén o no estén dentro del sistema. Por ejemplo, en los lagos hay especies que independientemente de su presencia el agua estará igualmente transparente. Pero un cambio muy pequeño en ciertas especies, o sus interacciones, provoca que todo el ecosistema modifique su dinámica. Desde hace ya varios años se han detectado estas especies a las cuales se les puede llamar especies clave a otras  ingenieros ecosistémicos. Es en estas especies en lo que hay que basar las ecuaciones cuando se quiere generar un modelo que prediga la dinámica del lago. También se dieron cuenta que existen especies que se comportan de manera muy similar y que por lo tanto se pueden agrupar como si fueran una. A este grupo de especies se les denomina especies funcionales, también se les llama trofo-especies si ocupan el mismo nicho trófico. En los últimos diez años, las investigaciones basadas en especies funcionales se han intensificado mucho en la ecología de plantas, y recientemente se está moldeando la teoría sobre especies funcionales en animales como los peces. 

Para generar estas clasificaciones se tiene que comprender al ecosistema a fondo, así que la experiencia de un naturalista es también decisiva para construir correctamente estos modelos. Es por ello frustrante que después de mucho trabajo y tiempo dedicado a estudiar y comprender un ecosistema, existan variables que surjan de la nada (como los camarones holandeses) y modifiquen todas las predicciones que se tenían realizadas. Pero así son las reglas en la ciencia, y es justo estos resultados contrarios a las hipótesis los que promueven la base de las grandes teorías. 

Con este tipo de resultados en la biomanipulación y con la idea de reducir el número de variables que interactúan, los ecólogos comenzaron a fijarse en las relaciones no-lineares que estas interacciones generaban. De hecho, los ecólogos se comenzaron a fijar en este tipo de dinámicas unos 20 años antes. En los setentas Sir Robert May, un australiano que posteriormente se fue a vivir a Inglaterra y ahora es asesor del gobierno británico, había descubierto que las dinámicas caóticas en los modelos climáticos también aparecen en la ecología. Durante la primera parte de su carrera May trabajo en el modelo de crecimiento poblacional. Un modelo muy sencillo con tres pocas variables (el número de organismos inicial, su la tasa de crecimiento, y la capacidad de carga de la población) puede generar dinámicas caóticas con sólo ir aumentando la tasa de crecimiento por arriba del valor de 3.


Si pueden existir dinámicas caóticas utilizando tres variables en una sola población sin incluir interacciones ¿que se puede esperar de múltiples especies con diferentes interacciones que están sujetas a cambios en el ambiente? Esto en lugar de ser un problema que agobie a los ecólogos ha sido una oportunidad magnifica para desarrollar teoría sobre sistemas complejos en ecología.