Sunday, February 8, 2015

El Derecho Humano al Agua en manos de la iniciativa privada

Este artículo salió publicado en la revista Nexos en su sección La Brujula

Desde pequeños nos enseñan que existe un ciclo en el agua, que simplificado es más o menos así:

evaporación - nubes - lluvias - ríos, lagos o mar - evaporación.

Pero hace como un par de años, en un encuentro de la Comisión de Derechos Humanos del DF, este esquema fue “roto” por un ingeniero de la organización ANEAS invitado al foro de derechos humanos al agua. Él nos explicó que esta forma de estudiar el ciclo del agua es anacrónica y se tenía que extirpar de los libros de texto puesto que el ciclo del agua estaba regido fundamentalmente por tubos y bombas.

Para mí fue una revelación.

Tomado de www.smapa.gob.mx
No porque cambiara mi concepto sobre el ciclo del agua, sino porque comprendí la distorsionada visión que tienen algunas personas sobre este líquido; algunas de ellas son las que manejan las políticas públicas de esta ciudad. Esta visión explica porque vivimos en una ciudad que se inunda en época de lluvias y no tiene agua en época de secas, aún cuando llueve diez veces más del agua que utilizamos. Supongo este tipo de personas con la visión de tubos y bombas también construyeron el documento que está circulando entre los interesados sobre la nueva iniciativa de Ley de Aguas Nacionales que aparentemente será sometido por la CONAGUA al Congreso. La primera pista sobre esta visión es que en su exposición de motivos, lo primero que se detecta es que nunca se habla de la naturaleza. Lo más cercano es una expresión que dice: “Sin comprometer la sustentabilidad ni frenar el desarrollo económico”. No sé cuál concepto de “sustentabilidad” que se haya usado, ya que incluso el concepto más primitivo incluye al desarrollo económico, lo cual habla de su cercanía con ese tema. Contradiciendo esta frase, la exposición habla también de los errores más grandes que hemos tenido en términos de manejo ecosistémico: el trasvase (que significa extraer agua de una cuenca y verterla en otra; por ejemplo, el agua del Sistema Cutzamala que provee del 30% de agua a la Ciudad de México es agua que trasvasamos, extrayéndola de la cuenca del Lerma y los deshechos contaminados llegan a la cuenca del Pánuco y de ahí al Golfo de México). Probablemente éste sea de las actividades menos sustentables que hace el ser humano y la exposición de motivos lo justifica con argumentos como “ya somos muchos” y “hay sequías”.

Después de la exposición de motivos viene la propuesta de Ley que la componen 249 artículos (casi el doble del número de artículos que tiene Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos). Aún con esa cantidad de artículos la propuesta de Ley deja muchos huecos en el manejo del agua. Por ejemplo, en el Artículo 8, no se entiende que significa el “equilibrio ecológico”; en el Artículo 9 no explica la “sustentabilidad ambiental”; en el capítulo IX el uso del agua para la conservación ecológica apenas alcanza dos renglones. En contraste la infraestructura y financiamiento cuentan con más de 170 artículos de diferente índole y extensión. Incluso, en el apartado dedicado a la protección del recurso hídrico, el factor de mayor importancia es la infraestructura. En esta propuesta de ley es más importante incluir en el marco jurídico asociaciones privadas como la ANEAS (Asociación Nacional de Empresas de Agua y Saneamiento de México) referida en el Artículo 23 que incluir los procesos naturales que afectan la disponibilidad de agua a ciudades.

La importancia de incluir a la naturaleza en la Ley se basa en que en ella están las reservas de agua y ella puede reducir los efectos de inundaciones y sequías. Para comprender porqué es necesario incluir en la Ley de Aguas una visión de ecosistema, basta recordar cómo funciona el Valle de México. El 70% del agua que tomamos en esta Ciudad viene del acuífero, que por ello está siendo sobreexplotado al 100%; por cada litro de agua que entra al acuífero se extraen dos. La recarga sucede principalmente en la zona boscosa que está al sur de la ciudad. Si urbanizamos la zona boscosa, la recarga se reducirá en un 27%. Así que tarde o temprano nos vamos a acabar el agua, y si urbanizamos los bosques nos la vamos a acabar antes. Por su parte, la sobreexplotación del acuífero genera que la tierra se compacte y por lo tanto se generan hundimientos. Una tierra más baja es más fácil que se inunde cuando existen precipitaciones fuertes. Ello es fundamental que la protección y manejo de estas regiones estén en la propuesta de Ley; sin embargo, esta propuesta por la CONAGUA es como el diseño de las tuberías de una casa que no incluye la conexión del municipio al tinaco o el drenaje.

Sorprende todavía más, que la propuesta de Ley de Aguas, sólo le dedique un renglón a este fenómeno. El Cambio Climático y el agua son un binomio esencial para emprender las medidas de mitigación y adaptación en las ciudades con el fin de perder la menor cantidad de vidas humanas en el futuro y asegurarlas de agua. Por ejemplo, la probabilidad de inundaciones en la Ciudad de México, Buenos Aires y Sao Pablo aumenta dramáticamente cuando se incluyen las predicciones del cambio climático[1]. No obstante, tampoco parece ser importante en esta propuesta de ley.

Esta propuesta de Ley cambia también las características que el agua potable debe tener: sin olor sin color y sin sabor. La propuesta de Ley indica que el sabor, olor y el color del agua de uso doméstico debe de ser “aceptable”. Hace dos años y medio, justo antes de las elecciones presidenciales, los capitalinos recibimos agua un sabor muy desagradable. El agua provenía del sistema Cutzamala. El entonces Comisionado Nacional del Agua, el ingeniero José Luis Luege Tamargo, en rueda de prensa mostró su valentía al tomar un vaso con agua que salía de ese sistema y dijo que el agua se podía beber. El sabor se debía a un tóxico producido por la geosmina una sustancia producida por un alga que surge en época de calor cuando los lagos (en este caso la Presa de Valle de Bravo) están contaminados. En estos meses de nuevo esta sucediendo el agua apestosa. Con esta propuesta de ley tomaremos agua “aceptable” según los funcionarios, aunque eso no indica que necesariamente sea potable.

En esta propuesta de Ley los problemas del agua se pueden resolver con tubos y bombas, mas desde su exposición de motivos advierte que como la infraestructura es muy costosa, se tiene que invitar a la iniciativa privada a participar. De esta manera, las empresas ayudarán a resolver los problemas.

Así, que nuestro derecho humano al agua (término que está incluido en esta propuesta de Ley cada determinado número de renglones, se necesite o no se necesite) ahora estará en manos de la iniciativa privada, pues el Estado no le alcanza para evitar inundaciones o purificar el agua.

En contraste, un grupo de más de 450 personas de la sociedad civil y de la academia se han estado reuniendo durante más de dos años con el fin de construir una Ley Nacional de Aguas donde se incluye a las dinámicas de la naturaleza relacionadas con el agua. La propuesta ciudadana de ley centra a la dinámica natural de las cuencas como la forma básica del manejo del agua. En lugar de invertir el dinero en infraestructura que se deteriora, se invierte en la restauración de la naturaleza y que ésta haga el trabajo de la infraestructura sin necesidad de mantenimiento, lo que sería más barato y más equitativo socialmente. Esta propuesta sí considera la regulación de actividades en los humedales y los bosques en un proceso de sustentabilidad (en esta iniciativa este concepto ya incluye el desarrollo económico).

Además la parte ecológica es sólo una de las muchas esquinas que debe de tener una propuesta de ley. En los rubros sociales, legales y financieros los problemas de la propuesta de la CONAGUA darían diversos análisis. En cambio, la propuesta de la sociedad civil centra la ley en una gestión planificada y participativa del agua, con contraloría social. El objetivo final se basan en tres ejes, que haya agua para los ecosistemas, para todas y todos y para la soberanía alimentaria. Esto promoverá un control en la contaminación, evitará la destrucción de cuencas y reducirá la vulnerabilidad a inundaciones y sequías, considerando el cambio climático.

Las dos propuestas de la Ley Nacional de Aguas transparentan el fenómeno que estamos viviendo en el país. Por un lado, una propuesta que garantiza esta simbiosis de la iniciativa privada con sus relaciones cercanas con el sector político, que casi siempre genera resultados poco deseables. Por el otro lado, una propuesta que promueve la participación ciudadana, pulverizando el control de las decisiones en múltiples sectores que se autorregulan y que consideran a la naturaleza como un aliado para resolver los problemas. Tenemos que tener mucho cuidado en cual escogemos puesto que nuestro Derecho Humano al Agua está de por medio.





[1] Datos proyecto internacional entre Instituto de Biología y FARN financiado por CDKN que serán presentados en la COP20 en Perú en Diciembre.

Thursday, November 13, 2014

¿A qué huele el agua?

Esto fue publicado  en la revista electrónica Transeúnte en Junio del 2012, pero ahora tiene vigencia pues de nuevo el agua huele mal.  Este artículo es en colaboración con la Dra. Marisa Mazari del Instituto de Ecología, UNAM. La Dra. Mazari trabaja sobre aspectos de la calidad del agua que nos tomamos, tanto extraída de pozos, como de sistemas de agua superficial como es el caso del Sistema Cutzamala.

Desde hace algunas semanas, los capitalinos de diez delegaciones hemos recibido agua con un olor y sabor desagradable. Según las autoridades, las delegaciones son: Azcapotzalco, Miguel Hidalgo, Benito Juárez, Coyoacán, Cuajimalpa, Magdalena Contreras, Tlalpan, Iztapalapa, Iztacalco y Venustiano Carranza.

Al principio, cada quien creía que era su propia cisterna o tinaco, y algunos hasta los mandaron a lavar, pero no resolvió el problema. Poco a poco nos dimos cuenta que era un fenómeno generalizado, comentado por vecinos y amigos cercanos.

Poco después nos enteramos por las noticias que este problema sólo lo sufrían las personas que reciben el agua del Sistema Cutzamala que en algunas zonas la combinan con agua de pozo. Dicho sistema se basa en una serie de tubos que comienzan en Michoacán, cruzan el Estado de México y así llegan hasta el DF. Este sistema se abastece de siete presas, entre las cuales se encuentran la presa Valle de Bravo y Villa Victoria, en las que aparentemente se presentó el problema.

Durante la época de secas en estas presas, como en todos los lagos del país, la temperatura del agua es mucho más alta que durante el resto del año. Además, al finalizar esta época de calor, los lagos y presas no han recibido agua nueva durante varios meses y el sol ha evaporado parte de la contenían. Es como dejar un caldo a fuego lento, después de un rato se tiene una sopa con poca agua y muy concentrada. En el caso de los lagos es concentrada en nutrientes como el fósforo y el nitrógeno.

Estas son las condiciones ideales para las algas.

Las algas son las que tiñen el agua de color verde. Cualquiera que haya ido al Lago de Chapultepec sabe de lo que estamos hablando. Parecidas a las bacterias, las algas pueden reproducirse extremadamente rápido y en pocos días cambiar el agua de una presa, como la de Valle de Bravo, de transparente a verde intenso.

Cada año la duración de la época de secas, de lluvias y la temperatura del agua es diferente. También es distinto en la cantidad de nutrientes, por lo tanto, aún cuando en estas fechas siempre se presenta en el crecimiento de algas, no todos los años es en la misma cantidad. Al parecer este año el crecimiento algal fue particularmente intenso. 

Cuando nos referimos a “las algas”, no nos referimos a una sola especie, sino a un conjunto de especies de algas que forman una comunidad. Cada especie tiene sus propias respuestas a la temperatura y la cantidad de nutrientes. También generan diferentes substancias, algunas son inocuas pero otras pueden ser tóxicas para el ser humano.

Por ejemplo, una especie de algas produce una substancia llamada “geosmina”, que en griego significa “aroma de la tierra”. Esta substancia fue la reportada por las autoridades como aquella que está provocando el olor del agua que estamos tomando en la Ciudad de México. La substancia puede ser tóxica en un grado bajo para algunos seres humanos sensibles; puede causar irritación de piel y ojos, así como malestar estomacal.

Si llegó esta olorosa substancia a nuestros grifos, nadie nos puede asegurar que no existan otras algas, bacterias, o incluso virus que no estén llegando. Por ejemplo, existe un alga que tiene diferentes variedades -como las razas de los perros- y una de estas variedades puede generar una substancia tóxica llamada microsistina. Sabemos que en Valle de Bravo esta alga se ha presentado en años anteriores, pero no sabemos si en este evento se presenta la variedad tóxica.

Los efectos potenciales a mediano y largo plazo del consumo del agua, con toxinas como la microsistina, están primordialmente sobre el daño en el hígado. En pocas palabras, podemos estar tomando agua con toxinas y no enfermarnos en el corto plazo, pero sí presentar problemas de hígado en el largo plazo. Por lo anterior, el argumento de la Secretaría de Salud del DF, en el cual indican que el consumo del agua no afecta a los humanos porque no se han detectado brotes epidémicos, implica solo una parte de la problemática.

Estas substancias pueden estar llegando a nuestros grifos por una falta de capacidad para tratar aguas con un exceso de algas en las plantas potabilizadoras. La salud de la población está en riesgo y, por lo tanto, es fundamental invertir recursos para contar con plantas potabilizadoras con capacidad suficiente para purificar el agua, incluso sólo para estas épocas del año.

¿Qué podemos hacer? Primero estar conscientes de que esto es temporal y que posiblemente con las lluvias, el florecimiento de algas se reduzca. Mientras tanto, es recomendable el no tomar agua de manera directa del grifo. Para ello, habrá que utilizar el recurso menos sustentable que existe: comprar agua embotellada. El agua embotellada genera basura con los envases de plásticos no degradables. Las embotelladoras utilizan el agua casi purificada de las plantas potabilizadoras -que todos pagamos con nuestros impuestos-  la terminan de purificar y las envasan. Por ello nos cobran el litro de agua 10 mil veces más caro de lo que cuesta el litro de agua que llega a nuestros grifos. Es buen negocio para las compañías embotelladoras pero muy malo para el resto de la sociedad. Esperemos que este recurso sea necesario muy poco tiempo.

También existe la posibilidad de hervirla, puesto que la geosmina es un alcohol que se evapora con el calor, pero está en combinación con un naftaleno y desconocemos si puede dejar residuos; tema que estamos aún investigando con ayuda de químicos expertos. Una última opción es pasar el agua por filtros que tengan carbón activado, pues éste retiene los compuestos orgánicos como la geosmina. Pero hay que tener en mente que estos filtros no son eficientes al 100%. 

La Conagua y el Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACMEX) han dicho que esta agua con olor desagradable no tiene efectos en salud. Aquí se pueden plantear dos escenarios: imaginemos que eso no es cierto y que sí tiene efectos en salud, ¿qué otra cosa podrían decir a dos semanas de las elecciones? ¿Pedirnos los capitalinos que no tomemos agua? Ya lo dijo el Secretario de Salud del DF “Huele feo y sabe feo, pero es la única disponible, si no trajéramos esa agua, pues entonces no habría de otra” (Reforma 26 de junio, 2012).

Ahora bien, imaginemos el segundo escenario: efectivamente el agua sólo tiene mal olor y sabor, así que tenemos que aguantarnos. ¿No nos merecemos algo mejor los capitalinos? En la Norma Oficial Mexicana (NOM-127-SSA1-1994), se menciona que la primera característica que debe de tener el agua tener “olor y sabor agradable”. La interpretación basado en nuestras clases de primaria es que no debe de tener ni color ni sabor ni olor.



A corto plazo podemos hervir el agua, comprar agua embotellada o resignarnos a tomar agua con olor y sabor desagradable. Pero en el largo plazo es fundamental exigirle a las autoridades que cuenten con planes para un manejo de agua sostenible, que incluyan el contar con plantas potabilizadoras, que tengan filtros de carbón activado y sean capaces de cubrir esos problemas que nos afectan de manera directa.


También es fundamental que las autoridades nos informen claramente con sobre las causas y consecuencias de este problema. Nos encantaría conocer los datos de los análisis realizados por Conagua sobre la concentración del compuesto geosmina que ellos reportan, así como la inocuidad de estas substancias, es decir, los análisis que prueban que estas no tengan efectos en la salud humana. Sin embargo, nunca nos muestran la totalidad de los datos, sólo una parte, lo cual genera suspicacias. Con toda la información tendremos una sociedad que pueda tomar decisiones sobre su propia salud sin desconfiar de las autoridades.

Wednesday, September 17, 2014

El nuevo aeropuerto y la nueva Hummer

Una versión más resumida de esta publicación salió en Nexos hace una semana, la pueden ver aquí.

Hummer ¿lo verde la hará sustentable? (foto de Hummerblog.com)

Me da la impresión de que la clase política ve al nuevo aeropuerto de la Ciudad de México como cuando alguien va a la agencia de autos a convencerse de comprar una Hummer. Lo deslumbran su aire acondicionado, su pantalla táctil, su amplio espacio interior. El comprador busca argumentos para asegurarse de que le será muy útil, busca todos sus atributos y seguro le encuentra uno que hasta convierte a la camioneta en “sustentable” o que con ella su productividad subirá. Revisa lo infeliz que es con el auto que tiene, que no cumple con sus requerimientos y le molestan hasta las envolturas que se han acumulado dentro. Minimiza todos los inconvenientes que una camioneta de esas dimensiones puede traer y al final, se convence de comprarla porque, en el fondo, la camioneta le toca la fibra sensible y escondida del amor a lo monumental, al tlatoani, a lo faraónico. Se autoconvence de que se la merece. Así tendrá derecho a estacionarla en el Zocalo el próximo informe.
 
Piensa: "aquí se vería bien" (foto: revolucionesmx.blogspot.com)
Todo esto es independiente de si la necesita o no.

En el caso del aeropuerto, la búsqueda de atributos “sustentables” ha sido una de las prioridades. Un video de Norman Foster y el "yerno de Slim" (1) anuncia, como si fueran novedosas, las características de sustentabilidad del aeropuerto: durante seis meses al año, no necesitará aire acondicionado o calefacción pues tendrá ventilas que se abren y se cierran. Además, tendrá cactus en la entrada. Corrijan si me equivoco, pero este descubrimiento de sustentabilidad en la construcción se ha utilizado en la mayoría de las casas de esta ciudad, ya que para controlar la temperatura simplemente abrimos o cerramos las ventanas y, casi siempre, cuentan con un cactus en la entrada. Reducir el gasto de energía innecesario no se debería de vender como “lo sustentable”, es lo mínimo que una construcción debería tener.

Contrario a este video, la verdadera sustentabilidad va más allá, involucra en dónde se va a localizar el aeropuerto en la ciudad, pues eso va a afectar a todos sus habitantes, lo utilicemos o no. Pensemos tan sólo en las miles de toneladas de contaminación extra al duplicar el número de vuelos o el transporte para llegar hasta la nueva sede.

Foto: "plantasfacilisimo.com"
Por otra parte, y más importante, el área en que se construirá es de las zonas más bajas y una de las que más rápido se hunde (entre 20 y 40 cm por año) en la ciudad. Estas características son la razón por la cual la utilizamos como laguna de regulación para las tormentas y por lo cual gobiernos anteriores no lo consideraron para el aeropuerto. No es que no hubieran visto las más de 10 mil hectáreas de terreno donde se va a instalar. Con el aeropuerto ocupando este espacio, el agua, que busca las zonas más bajas, se verá impulsada hacia lugares urbanizados, inundándolos.

Para amortiguar la pérdida de esta laguna de regulación, el plan maestro del aeropuerto pretende “mejorar” estos terrenos con más infraestructura. Un plan hidráulico que construirá plantas de tratamiento y entubará ríos. Los costos de este plan son de al menos 16 mil millones de pesos. pero hay que añadirle mantenimiento, que es muy importante. Por ejemplo, las 26 plantas de tratamiento del DF tienen capacidad para más de 6.6 mil litros por segundo; sin embargo, sólo se trata cerca del 50% por falta de mantenimiento (ii).Lo que la naturaleza da gratis (mejorar el agua y evitar que nos inundemos) lo reemplazamos con infraestructura que no cumple las mismas funciones y que nos cuesta mucho dinero mantener (iii).  

La sustentabilidad involucra saber si el beneficio de tener un nuevo aeropuerto, con todas las ganancias económicas que le atribuyen, será más grande que el costo de las inundaciones, o del costo la infraestructura necesaria y su mantenimiento para desalojar el agua. Tomemos como ejemplo el Canal Río de la Compañía, que está a 15 metros por encima del terreno debido al hundimiento de la ciudad, el cual se ha “restaurado” para evitar que se inunde Chalco en época de lluvias.Otro ejemplo es la construcción del Túnel Emisor Oriente, que ha costado más de 32 mil millones de pesos, (y el precio sigue subiendo). Sobra decir que ninguna de las dos infraestrcturas han impedido del todo las inundaciones. Debido a los hundimientos de la ciudad, los desagües están ahora por encima del terreno por lo que ahora se necesitan más de 178 bombas para hacerlos funcionar (iv). No sabemos, y probablemente el gobierno tampoco, en cuanto aumentará la inversión en infraestructura para evitar las inundaciones  ni  cuánto costará su mantenimiento, o si será eficiente ante las lluvias extremas.

Mapa de hundimiento en la zona del aeropuerto (Autor. Tania Fernandez)
Se utiliza la firma de Norman Foster porque tiene fama de hacer edificios sustentables. No he escuchado más que halagos de su voluminoso currículum de edificios en todo el mundo. Pero los dos proyectos que le conozco en México, el nuevo aeropuerto y la Biometrópolis, son un perfecto caso de falta de comprensión del ecosistema donde se van a instalar. En este segundo caso, los edificios de Biometrópolis se quieren construir sobre un terreno de 70 hectáreas lleno de tubos de lava únicos en el mundo, algunos de ellos con diámetros de más de 10 metros. Sus características de suelo (roca volcánica) ayudan a la infiltración del agua que baja por el Ajusco. Además de ser una zona de gran diversidad y continuación el bosque hacia las zonas del Pedregal.

En ambos casos, los desarrolladores enfocan la palabra sustentabilidad, dejando de lado los efectos que al ecosistema y la ciudad podrían traer tales proyectos. No es casualidad, ya no hay espacio libre en la ciudad y las megaobras demandan ocupar el espacio que no se ha urbanizado por ser muy sensibles para la sustentabilidad de la ciudad. Por ello, construir ahí, aun cuando tengan certificado LEED, puede traer consigo problemas mayores que los potenciales beneficios.

Los que hemos utilizado el actual aeropuerto hemos sufrido su ineficiencia y esto podría ser un argumento válido para construir otro. Pero no es clara la responsabilidad qué tienen en este sufrimiento la mala organización del personal de las aerolíneas y del mismo aeropuerto. Esto no necesariamente cambia con nuevas instalaciones. Por ejemplo, estar una hora encerrado en el avión esperando desembarcar no necesariamente es por falta de puertos, sino por una falta de capacidad de previsión y de organización. Reconozcamos además que la mayor parte de nuestras desventuras se deben al pésimo servicio que las aerolíneas mexicanas proveen en México, en JFK Nueva York, Heathrow Londres, o Narita Toko.

El ánimo centralista también juega un papel importante. Todos los vuelos van y vienen de la Ciudad de México. Son raros los vuelos regionales u otros aeropuertos que funcionen como conectores. Alguien que quiere ir de Mérida a Tuxtla Gutiérrez en avión tiene que cruzar por la Ciudad de México, lo que aumenta su saturación. Los escasos intentos de generar una red de aeropuertos alrededor (Toluca, Puebla, Querétaro y Cuernavaca) se perdieron hace tiempo. A diferencia de otros países donde existen aeropuertos en red dispersos en todo su territorio, lo que hace más eficiente y barata la movilidad.


Rutas de vuelos de Aeromexico (eltours.com)


Si el problema es la saturación, sería importante evaluar los costos y beneficios de construir un gran aeropuerto contra el desarrollo de una red de aeropuertos. Desafortunadamente, nos deslumbran los megaproyectos. Pensamos que la infraestructura es la única solución a nuestros problemas, pues es muy baja nuestra capacidad de organización. Este amor a las obras faraónicas nos ha generado muchos problemas que seguimos pagando en el presente, como con las dedicadas a expulsar agua y entubar ríos, que no funcionan cuando la ciudad se inunda en lluvias y se queda sin agua en secas. Continuar con esta admiración por lo monumental, puede traer más problemas en el mediano plazo que costará mucho resolver. Quizá es como comprarse la Hummer sin tener el dinero para acabarla de pagar, sin contar con un estacionamiento apropiado, sin cambiar el hábito de ensuciarla con envolturas, sin poseer los miles de pesos que se gasta en gasolina anualmente. El deslumbre de verla en la agencia de autos se pagara muy caro después. Como el de construir algo porque los renders arquitectónicos son verdes y llamativos y se anuncian como sustentables.





(i) Un arquitecto tan renombrado que sus logros han sido las edificaciones que su suegro impone y por ello la prensa lo nombra el “yerno de Slim”
(ii) Datos de SACMEX
(iii) Llama la atención que se dice que la laguna de regulación está muy deteriorada, por lo que se requieren obras hidráulicas, aun cuando cumple su función natural de manera gratuita.
(iv) Sheinbaum C. Problemática ambiental de la Ciudad de México. Instituto de Ingeniería UNAM. Limusa.