Saturday, March 22, 2014

La Vecinocracia y los parquímetros de Coyoacán

Hace unas décadas vivíamos en la Ciudad de México en lo que Vargas Llosa calificaba como la “dictadura perfecta”. Decisiones como instalar el desarrollo de Santa Fe sobre un basurero o destruir un bosque para fraccionar pasaban por encima de cualquier resistencia vecinal. Un ejemplo muy triste fue el camellón de Miguel Angel de Quevedo. Un camellón enorme y frondoso donde ocasionalmente paseaban caballos. Los autos sólo utilizaban dos carriles en cada sentido. Este camellón se fue reduciendo para darle paso a los automóviles un carril a la vez, y así pasó a lo que es ahora: un camellonsito con árboles enfermos tratando de no caerse al arrollo vehicular.

MA Quevedo ahora
(foto: http://www.panoramio.com/photo/38843109)


El cambio de régimen nos regaló la responsabilidad ciudadana de poder decidir sobre cuestiones urbanas que afectan nuestra calidad de vida. Este cambio vino acompañado de frases como “la democracia no es sólo cuando votas”, así que comenzamos a utilizar los instrumentos legales para detener proyectos que claramente van contra los intereses vecinales. Pero esto ha causado frustración en aquellas personas que soñaban con ver sus proyectos instalados en la sociedad urbana. Mucha de la frustración reverbera en esta visión paternalista, y muy mexicana, enraizada incluso en el púlpito académico ¿Cómo se atreve la vecinocracia a decir que mi idea es mala, si yo la desarrollé en (aquí viene cualquier universidad nacional o internacional)? “no se han dado cuenta, pero es por su bien” rematan.

Esta frustración ha llegado al grado que muchos de estos predicadores comienzan a hacer público su deseo de volver a ese totalitarismo de la dictadura perfecta. Su principal supuesto es que ellos saben que es lo mejor para la ciudad mientras que los vecinos somos ignorantes, ladinos y corrompibles (quizá nos confunden con los delegados, diputados y asambleistas). Subestiman a los vecinos y se les olvida que los vecinos somos los que van a sufrir en el largo plazo la decisión que se tome. 

Un representante del Sistema de Aguas de la Ciudad de México nos decía el otro día que era mejor evitar discutir con vecinos, pues les detenían todos los proyectos. Como ejemplo afirmó que si le hubieran preguntado a los vecinos sobre su rescate del Río Magdalena, ellos se hubieran opuesto (en realidad los vecinos sí se opusieron, pero el SACM no les hizo caso). Se ufanaba a que gracias a esa falta de diálogo habían logrado restaurar ese río (Para el SACM “restaurar el río” es entubarlo ver aquí). Por suerte, la Dra Marisa Mazari no estaba en esa reunión, porque hubiera sufrido un ataque cardiaco nada más de escucharlo.

El segundo ejemplo es más reciente con los parquímetros de Coyoacán. La imposición de poner parquímetros sin preguntar a la comunidad polarizó a la sociedad coyoacanense. La polarización orilló a muchos vecinos a de negarse siquiera discutir el tema. Es difícil tener confianza cuando enfrente de tu casa hay granaderos protegiendo líneas blancas y bases de parquímetros. Con la confianza rota es imposible llegar a acuerdos.



Equipo de granaderos sobre Fco Sosa Están todos los días resguardando.... pintura en el piso

La reacción de los técnicos sobre este tema ha sido el de criminalizar la protesta vecinal, adjudicando a los franeleros la negativa, argumentar que los vecinos “no saben lo que quieren” y por lo tanto se les tiene que imponer el proyecto que va a solucionar sus vidas.

De estos encontronazos surge el término vecinocracia, que es la forma despectiva a la que se refieren los técnicos (los que sí saben) de los vecinos (que no saben). He escuchado mucho en estos días: “esto de dejar a la vecinocracia las decisiones no es nada bueno”. Yo pienso: los vecinos también votamos en las elecciones. Así que la democracia es una gran vecinocracia. Si no podemos ejercer la democracia fuera de las urnas en estos temas, entonces ¿en donde?

Parquímetros pueden ocasionar efecto cucaracha en colonias aledañas

El ecosistema humano es muy complejo y tiene de todo. Hay gente desagradable, poco pensante y grupos de personas con intereses particulares y políticos. ¿Quien no ha tenido un vecino con el que es imposible discutir? Pero la mayoría de los vecinos somos gente razonable que velamos por nuestro patrimonio y nuestro futuro. Una discusión informada casi siempre deriva en la aceptación de la mayoría de una buena idea. Y si no se logra la acción… ni modo, pero en cuestiones de convivencia urbana siempre es mejor respetar la decisión de los vecinos que imponer una gran idea. 

Mi experiencia en restauración trabajando en comunidades es que la imposición, aun de buenas ideas, termina mal pues los vecinos boicotean la acción impuesta. Pero cuando la misma gente hace suyo el proyecto le da continuidad y el resultado es mejor que el previsto. Para ello es necesario trabajar codo a codo con los vecinos, generando propuestas conjuntas y largamente discutidas, aun cuando no sean exactamente las que un técnico especializado haya generado. Aún cuando la implementación no sea lo rápida que quisiéramos.

Me preocupa que exista esta visión de querer regresar al autoritarismo, eso indica que habremos tenido transición de partidos, pero no hemos madurado en términos democráticos, pues no hemos sido capaces de darnos cuenta que parte del pensamiento sistémico involucra la decisión comunal. Además, en un sistema complejo tan dinámico, los paradigmas cambian y lo que es bien visto hoy, puede ser considerado un error garrafal urbano en un futuro. Así ha sido la creación de Santa Fe o la reducción del camellón en Miguel Angel de Quevedo.

Ojalá y no regresemos al autoritarismo, porque parte de la sociedad ya cambió, nos hemos dado cuenta que podemos exigir nuestros derechos. 

2 comments:

  1. La imposición es inaceptable en una ciudad como el DF, que posee una fuerte actitud crítica y con capacidad de movilización. Sin embargo, no toda oposición es progresista por el solo hecho de oponerse. Los movimientos sociales también pueden derivar en pronunciamientos reaccionarios, dogmáticos o clasistas, en caso de basarse en la defensa de un privilegio específico (o en la consolidación de ghettos urbanos) y no en la búsqueda de un beneficio colectivo que permita mejorar las condiciones de vida presentes y futuras, para amplios sectores de la población. Esto es muy común cuando no se cuenta para la discusión y el debate con información sólida y análisis a fondo.

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  2. Por eso hay que exigir antes que cualquier cosa NO PARQUÍMETROS... Y después que se respete el uso de suelo... ya no mas permiso a bares, restaurantes y oficinas ilegales... que se retire a los franeleros y vendedores ambulantes que no cuentes con permisos para vender en la vía pública, una mejor vigilancia... todo esto se resuelve sin la necesidad de un parquímetro... y por eso... antes que cualquier cosa... NO PARQUIMETROS. La autoridad sabe mejor que nadie que tenemos 100% fundamentada nuestra postura.

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